lunes, 1 de febrero de 2010

toc toc

Toc toc. Toc toc.
Desesperan los golpes en la puerta del ático.
El yeso cae desde las grietas, hecho polvo.
Y los golpes no cesan.
Toc toc. Toc toc.
Me enojo un poco.
Pongo los pinceles en la mesa.
Me limpio las manos con el delantal.
Toc toc. Toc toc.
Abro la puerta.

¡Hijo, pero hijo, si tú estás muerto!
¡Sí mamá, ya sé! ¡Ya sé! ¡Déjame pintar!

lunes, 25 de enero de 2010

Si no hubiera sido sueño

Hasta pensé que no estaba soñando. Dejé que me llevaras a donde quisieras. Veía tu cara reflejada en el cristal de la avioneta, y de fondo estaba el cielo. Cuando me preguntaste por qué reía te dije que estaba viendo tu cara en el cielo. Está el fantasma de tu cara, luego las nubes y al último el fondo del cielo. Me dijiste algo de lo que no me acordé al despertar. Y luego accionaste una palanca. Me dijiste que era el piloto automático. Y también accionó la longitud de mi boca.
Me tomaste de la mano y me jalaste del asiento. Y ya no era avioneta sino avión de pasajeros. Todos se tapaban los ojos y sonreían. Vi a uno que se separó los dedos para descubrir un ojo, y luego sacó la lengua y guiñó el ojo solitario. Llegamos a la compuerta y te vi abrirla. Yo la tiré con el pie. Y la vimos caer.
Entonces volviste a tomarme de la mano, con fuerza. La apretaste. Y luego saltaste, llevándome contigo, porque yo dije que iba a ir a cualquier parte que tú fueras. Queríamos gritar. Llevábamos la pansa apuntando al piso y los talones apuntando al cielo, ese cielo que estaba arriba. El cielo estaba arriba y estaba abajo. Gritamos, a veces el aire que empujaba desde abajo no dejaba que el grito saliera, y veíamos nuestras bocas abiertas que no dejaban escapar sonido.
Me acerqué a ti. Te tomé de las manos, empujándote suavemente hacia mí. Mi cara se fue acercando hasta que te estampé un beso, pequeño, en el labio inferior. Y me alejé de ti. Lento.
Contaste hasta tres, y tiramos de un cordón morado. Se abrió un paracaídas que nos retuvo en el aire, bajando con calma.
Con la misma lentitud que fuimos bajando, se difuminó tu rostro, y las nubes atrás, y el cielo al fondo. Fue apareciendo el lienzo frente a mí, y las paredes cuarteadas del ático. Y yo estaba en una silla.
Te imaginé despertando. Sintiendo un hormigueo en la boca. Seguramente notaste que tenías un beso, pequeño, estampado en el labio inferior.

jueves, 21 de enero de 2010

Tengo en el lienzo

Tengo
Tengo de lienzo un espejo
Miro
Miro la luz que refleja en mis dedos
Dentro
Dentro del mismo cristal se refleja la estrella
La estrella que brilla la llama teñida de un verde esmeralda

No se me ocurren los trazos
Pienso sereno en los cientos de gestos que tiene tu rostro
Miro mi lienzo
Miro en mi lienzo mi pálido rostro sin marcas de años

Paso el pincel con la mano
Algo de ti que le encimo a una parte del lienzo
Trazos del ojo
El ojo encima del mío que cubre mi espejo y sin prisa me río

Miro mi obra
Acaricio mi cuello
Veo la mitad de tu rostro en el límpido espejo

Se marcha mi rostro
Se queda tu cara
Esa mitad de tu cara que mira en silencio la paz de mi cara.